Desvistiendo momias. El mito al desnudo

Tras la copiosa cena, los invitados se dirigen a la biblioteca; circunspectos ellos, como se espera de un buen caballero, lívidas ellas a duras penas consiguen respirar en sus corpiños.
El olor de los cigarros puros y el almizcle de las damas llenan la suntuosa estancia, las cortinas echadas, para que nadie sin invitación presencie el evento. Sobre la mesa central, iluminada por la lámpara de gas, paciente, la momia espera a ser despojada de sus milenarias vestiduras.
Es posible que las fiestas de desvestir momias sólo sean una leyenda urbana.
Podría ser perfectamente la escena de una novela ambientada en la Inglaterra Victoriana. Aunque la idea, más o menos extendida, de desenvolver una pobre momia como colofón a una fiesta no nos resulte descabellada, es bastante posible que esto no sea más que una de tantas leyendas urbanas.
Buscando información sobre cómo y dónde se realizaron estas fiestas nos hemos encontrado con Smart Alecks Guide (editorial que se dedica a escribir guías sobre diversos temas históricos) que, después de un minucioso proceso de búsqueda no han encontrado evidencias en la prensa escrita de que la alta sociedad se reuniera en sus casas a desenvolver momias por pura diversión.
Las reuniones para «desnudar momias» eran de caracter académico.
Otra cosa distinta son las numerosas reuniones académicas en las que los estudiosos del antiguo Egipto discutían sobre los fabulosos objetos traídos desde Egipto. Una prueba de estas reuniones (quizá la causante de la confusión) es esta invitación en la que el buen Lord Londesborough nos anima a acompañarlo mientras quita las vendas a una momia llegada desde la mismísima Tebas.
Es posible que, como nosotras, os hayáis llevado una gran decepción, pero nada hace suponer que el salón de Lord Londesborough estuviera repleto de damas desmayadas por los rincones ni al otro lado de la puerta los jóvenes bailaran despreocupados. Y es que, parafraseando a Smart Alecks, «que ordinariez, una fiesta en la que se acabará lleno de mugre centenaria».
Foto de cabecera del genial Terry Border.