Así Trabajamos

¿Cómo se hacen las máscaras venecianas?

“Ah, pero ¿las hacéis vosotras? ¿EN SERIO?”

Siempre que hablamos con alguien sobre a qué nos dedicamos sale esa pregunta en tono de absoluta sorpresa (aún no sabemos si sentirnos halagadas o lo contrario), y tememos el momento porque después viene LA PREGUNTA:

“Pero… ¿CÓMO?”

A partir de ahí, explicarlo sin imágenes es tarea harto difícil que suele acabar con caras de estar escuchando Klingon y con un

“… Hostia pero qué curro”

Por suerte te podemos explicar cómo se hace una máscara veneciana paso a paso y con fotos del proceso.

Modelado en barro

Una vez decidido el diseño se modela en barro. Algunas máscaras, como las de nariz, necesitan una estructura de alambre grueso que resista el peso del barro. Normalmente modelamos sobre una cara en escayola para no perder las referencias.

Aunque versionamos máscaras venecianas clásicas, nos gusta darle un toque diferente a nuestros modelos. Es habitual encontrarse en el mercado con máscaras de aspecto fofo, que parece que se han tragado un elefante. Claro, parten de un molde, y si tienen que hacerla más grande añaden por los lados y arreando. Nosotras queríamos evitar eso a toda costa, así como las expresiones lavadas. Nuestras máscaras tienen boca, nariz y pómulos bien marcados.

Moldeo

 

Cuando el modelado es muy sencillo (como en antifaces) se pueden usar moldes de escayola de una o dos piezas.

Pero por lo general preferimos hacerlos de silicona aunque sea más caro y engorroso. Esto nos permite elaborar máscaras con detalles complejos, pliegues y recovecos que en un molde rígido y manejable se perderían.

Madreforma

¿Qué pasa cuando presionas papel sobre un molde flexible? Que se deforma y sale un amasijo informe. Por eso antes de retirar el barro y perder la figura original a esa silicona hay que fabricarle un contramolde de un material rígido (escayola, resina con fibra de vidrio, etc). A veces ese contramolde tiene que ir en varias piezas porque si no la máscara, al ser rígida, no se puede sacar (aunque el molde de silicona sea flexible).

Esto suena muy raro pero es lo mismo que sucede cuando dejas una cubitera de silicona a las bravas en el cajón del congelador: el agua se desparrama. Sin embargo, si la pones sobre una superficie rígida y lisa (nuestra madreforma), la cubitera, aunque sea flexible, no se deforma y el agua se mantiene en su sitio.

Vaciamos el molde

Cuando el molde o el contramolde ha fraguado y está completamente seco (la escayola tarda días en terminar de secar), se separan las piezas con cuidado y se retira el barro que hay en el interior, lo que era nuestra máscara. Ese barro se puede tirar o reciclar, pero a partir de ahora no sirve para nada.

Hay que lavar bien el molde para que no deje restos, y si es de escayola impermeabilizarlo con alguna solución, como la goma laca (que es, por ejemplo, el barniz que llevan las guitarras españolas buenas). Esto sirve para que la máscara que vamos a hacer después no se pegue al molde.

Positivado en papel

La cartapesta es una antigua técnica que consiste en ir presionando contra el molde una capa tras otra de papel encolado. Os sonará porque es la versión refinada del… MEJUNJE ART ATTACK!!! Así se hacían tradicionalmente las máscaras venecianas, las marionetas y los ninots. La máscara que resulta se llama “positivo” (por eso de que el molde es el negativo), y a esto de poner el papel (que suena muy vintage pero es un poco aburrido, la verdad) se le llama positivar.

La calidad de una máscara hecha a mano a la italiana es muy superior a una máscara de papel maché hecha industrialmente: como sucedía con los mástiles de los barcos, hechos de múltiples capas de madera, esa superposición de trozos de papel le da flexibilidad frente a los golpes. Sin embargo, las industriales son como el tarrito de las natillas: un chufletazo de pasta de papel repartido uniformemente por una superficie.

Se estuca y lija

Primero se aplica una capa de cola de conejo, que impermeabiliza la máscara, y después el estuco unifica la superficie, pues como habrás visto sale un poco tosca. Esta es una fase de la que estamos particularmente orgullosas. Echar una capa tras otra de estuco y lijarlas bien para conservar los detalles es una labor que ya casi ningún mascarero realiza, porque total, después la pintas un poco de viejo y cuela. Pero qué quieres que te digamos. Nos gusta mimar las máscaras y darle a cada una la textura que te pide.

Pintándolas a mano

Esta es la fase en la que la dejamos bonita de verdad. A los marionetistas les gustan los óleos pero el acrílico es más limpio, más rápido y hay fórmulas comerciales con efectos increíbles. Los añadidos grandes se integran en la máscara antes de estucarla (para poder unificar toda la superficie) pero este es el gran momento de los pequeños adornos. Una máscara perfectamente pulida puede ser una flipada cyberpunk y un antifaz de acabado tosco tener un precioso acabado vintage. Las apariencias engañan…

LA TRAMOYA

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Por si te han parecido pocos ejemplos, aquí te dejamos los artículos del blog en los que explicamos cómo hemos hecho algunas de nuestras máscaras. Cotillea cuanto quieras, y si tienes curiosidad por algo, ¡pregunta!